Antes de que partamos

Toma otra taza de café y otro tazón de sopa, que te vendrá bien. En media hora partiremos de aquí y conviene que estemos en forma. Si no estás convencido, todavía puedes echarte atrás, pero no entorpezcas la caravana a mitad del camino. Vamos, bebe. ¿Cuántos días has aguantado en ayuno? Probablemente no volveremos a probar bocado en una semana. Hay que tener un poco de resistencia, es sólo eso.

Acuérdate de tu tío Matías. Él se entrenó durante años para enfrentar las duras condiciones del desierto. Luego no le hizo falta, porque cuando llegó la hora de hacer la expedición, ya era tan viejo que le exhortaron a quedarse tranquilo en su casa. Hubo que pararle los pies en varias ocasiones, porque se empeñaba una y otra vez en realizar el viaje, y al final sólo lograron convencerle cuando Zacarías accedió a venderle los terrenos que él le había propuesto comprar varios años atrás, y que el otro siempre se negaba a ceder con excusas cada vez más inverosímiles. Así se quedó sus últimos años trabajando en el huerto; una vida dura pero sin demasiados sobresaltos. Cuando volvimos de aquella marcha, Carmena se lo encontró organizando la disposición de las tierras.

Él se preparó durante toda su vida quizá se preparó en exceso, y al final no le dejaron ir; pero según yo lo veo, tú corres el riesgo de no estar suficientemente preparado; y sólo porque se lo prometimos a tu tío te dejamos venir, pero nada más que si estás verdaderamente convencido.

De acuerdo, ahora escucha: cuando montemos por el cerro debes cuidar bien de no hundir tus pies entre los hierbajos que entorpecen el camino. Allí han escondido trampas; la otra vez descubrimos varias antes de que nos pudieran agarrar el tobillo y dejarnos tullidos, pero de seguro que han enclavado algunas nuevas.

Luego empieza la verdadera travesía por el desierto. Si nos damos prisa, no serán más que cuatro días, pero aun en el mejor de los casos, pasaremos sed. Los dátiles y frutos secos evitarán que nos pesen las ganas de caminar por esos terrenos yermos, pero debemos guardarlos lo máximo que podamos y no consumirlos hasta que oigamos nuestros vientres más que la voz de nuestras gargantas.

Recuerdo que, la última vez, Carmena ayudó a amenizar una tarde entera cuando comenzó a contar una anécdota de hacía muchos años. Era algo de la época de la universidad, de lo que yo, que fui compañero suyo, me había olvidado por completo. Una de esas historias que cuando suceden son embarazosas y que no quieres contar a nadie, y cuando pasan los años se convierten en tu anécdota predilecta. Ella contó la primera y luego le siguió Nuria, y después Andrés y Esteban. Yo narré la otra cara de la historia de Carmena; y Zacarías recordó una peripecia compartida con tu tío Matías en un crucero, también de su juventud.

No estuvo mal aquella tarde; incluso Sara fue incapaz de parar de reír, y ya sabes que por aquella época era imposible devolverle la expresión habitual a su rostro, por la pérdida que le sobrevino. A lo mejor Carmena te ha hablado ya de aquella vez, y probablemente te habrá dicho también que, por la noche, tras acabarnos una botella de ron que nos habíamos procurado antes de partir, José no paraba de importunarla y ella se negó, y que, como siguió insistiendo, le acabó arreando una patada y le dejó caminando doblado todo el resto del viaje.

Me estoy yendo por las ramas y no nos quedan más que diez minutos. Después de lo árido llega lo frondoso, de la misma manera en que, tras una tormenta, las últimas nubes dejan tendido un blanco resplandor; y, casi al final del trayecto, lo vas a agradecer. Allí es donde comenzamos a buscar. Ya hemos revisado tres cuartas partes del terreno, pero el trozo que nos queda es el menos accesible. Y además, creemos que han colocado nuevas trampas donde antes no había, así que estate quieto cuando te digamos. Quédate con este apunte: lo que estamos buscando es un baúl negro de madera, supuestamente de más de tres metros de largo por dos de ancho, con un grabado junto a la cerradura. Sospechamos que está bien soterrado, y que probablemente replantaron un árbol encima, por lo que lo mismo una raíz lo ha atravesado y partido en dos, si es que no se ha podrido por completo.

Vamos a trabajar abriendo la tierra en jornadas de más de doce horas, y usaremos las otras doce para descansar. Allí habrá frutos en algunos de los árboles, así que podrás llevarte algo a la boca, aunque de ninguna manera esperes conservar tu peso. Intentaremos permanecer allí dos semanas; y si no lo encontramos, nos largamos. Aún podremos hacer otro viaje dentro de dos años, pero si entonces no encontramos nada, entonces no quedará mucha esperanza, y la mayoría de nosotros hemos dedicado una buena porción de vida a la búsqueda de ese baúl. Mira las agujas del reloj: es hora de marchar. Vamos, ya te has decidido, ahora no vayas a echarte atrás.

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